La lactancia materna, es tema de conocimiento público, brinda distintos beneficios que aporta, tanto a la madre como a su hijo, tanto en lo inmunológico, nutritivo, como en lo afectivo y psicológico. Pero son poco conocidos los efectos que tiene ésta sobre el sistema bucal y sus estructuras que la conforman. Resultados obtenidos en diversos estudios (Morras, por ejemplo) muestran que la lactancia materna exclusiva previene la maloclusión o mala mordida de manera significante.
La lactancia materna es uno de los pilares fundamentales para prevenir muchas enfermedades.
Shekhar, plantea que el niño dirige sus exigencias a la madre y lo hace basado en la necesidad de alimentarse. Si la alimentación no ha sido satisfactoria porque la succión se vio frustrada, este bebé, a lo largo de su vida, irá creando sustitutos, por ejemplo: tenderá a chuparse el dedo o la lengua después de alimentarse, en un esfuerzo por satisfacer su instinto de succión o se pondrá objetos extraños en la boca, se morderá las uñas y el labio.
Los niños amamantados con biberones realizan poco esfuerzo y demoran más en dormirse, por lo cual muchos recurren a hábitos viciosos o inadecuados para satisfacer su instinto de succión, de manera que la lactancia artificial es considerada un factor causal en el desarrollo de dichos hábitos.Por tanto, practicará muchos de estos hábitos incorrectos que son causa de maloclusión en etapas posteriores.
La alimentación con biberón y los hábitos de succión no nutritiva favorecen al desarrollo de las maloclusiones, cuando el niño ejerce acción de amamantamiento principalmente las fuerzas que ejerce la lengua contra el paladar duro y blando, causan cambios en el desarrollo armónico de las arcadas dentarias.
Todas las funciones que se realizan en la cavidad oral (respiración, succión, deglución, masticación y fonación), estimulan el crecimiento y desarrollo del tercio inferior de la cara. Por tanto, la lactancia materna influye de manera directa sobre la morfología de los maxilares y de una adecuada oclusión dentaria.
Por muchos años se ha estudiado la etiología de la maloclusion. Entre los principales factores de riesgo incluyen a los hábitos no funcionales y no nutritivos como es el chuparse el dedo o succionar el chupón, además de la alimentación con biberón.
El amamantamiento proporciona los estímulos para el adecuado crecimiento del sistema masticatorio, que según la Organización Mundial de la Salud son un problema de salud pública por presentar alta prevalencia.
Por lo tanto, la lactancia materna exclusiva por -al menos- los primeros seis meses de vida tiene un efecto protector o de prevención en el desarrollo de maloclusiones.