Si nos ponemos a pensar por qué nuestros antepasados no tenían problemas de caries y tampoco maloclusiones dentarias -muy por el contrario, gozaban de perfecta salud bucal-, y cabían los 32 dientes en sus maxilares, pues ELLOS NO COMÍAN PAPILLAS.
Algo que tenemos en común y que heredamos de nuestros antepasados es la alimentación ancestral infantil; esto implicaba la lactancia materna exclusiva por 6 meses de edad del bebé, para luego comenzar el proceso de destete introduciendo en su alimentación comidas de consistencia dura.
“Una buena salud bucodental es el reflejo de una buena alimentación y viceversa”, según Dra. María Luisa López.
Se debe optar por una alimentación equilibrada en casa y en las loncheras de los más pequeños, esto muy pocas veces se prioriza, ya que hoy en día existen alimentos procesados y más fáciles de hacer, una dieta blanda y rica en azúcares que aparte de generar problemas como caries dental es contraproducente en la mordida de tu pequeño que cada vez encuentra mayor facilidad para tragar y deglutir los alimentos, sin generar ningún estímulo para el desarrollo de los maxilares.
Los alimentos “duros” como la carne de res o una manzana, van a generar que los músculos y los huesos de los maxilares se desarrolle adecuadamente, así deja espacio para que los dientes no salgan “chuecos”.

Nuestra genética está programada para un proceso de destete a través de alimentos sólidos, no con papillas ni cucharitas, que lo único que logran es un mal crecimiento y desarrollo de los maxilares.
En la masticación y deglución actúan los músculos de la cara y de la lengua, con el fin de facilitar un equilibrio oclusal, evitando que los dientes estén desalineados, el rechinar de los dientes y múltiples trastornos de lenguaje.
Aquí los padres tienen gran responsabilidad en cuanto a la alimentación correcta para sus niños, para no tener problemas futuros, deben empezar a fijarse en qué tipo de alimentos se le está brindando a su pequeño a partir que dejó de lactar, se debe incrementar la solidez de los alimentos sin miedo a que se atraganten, que los niños disfruten su comida tocando con sus manitas y llevándolo a la boca.
En cuanto a la etapa escolar -como los niños tardan en desayunar- es más fácil darle un sándwich o una papilla, ignorando tal vez que esto es perjudicial para su desarrollo bucodental.