La sociedad civilizada cada día necesita menos el aparato masticatorio para moler los alimentos, pues desde el nacimiento empieza a ingerir con biberones y papillas, más tarde croquetas, hamburguesas; y, por ende, la alimentación moderna ofrece alimentos casi desmenuzados facilitando todo ello el tragar sin masticar, llegando así a que el sistema masticatorio se subdesarrolle.

Al no completar su desarrollo, aparecen las maloclusiones (dientes chuecos, respiración oral, bruxismo, inapetencia, mandíbula desencajada, masticación ineficiente, ruido o clic mandibular, entre otros) aparecen.

Debemos saber que el primer acto digestivo de la alimentación es la masticación, y, por sencillo que pueda parecer, corte, aprehensión, trituración, molienda y salivación de los alimentos para su posterior deglución es la principal función de este sistema. Sin embargo, a fin de que se mantenga con vitalidad permanente y en equilibrio, dada su complejidad, debe ser estimulado funcionalmente, es decir, su práctica constante es fundamental.

Sepamos entonces que el punto de inicio del desarrollo del sistema masticatorio se halla en la parte posterior de la articulación temporomandibular, ya que ésta funciona desde el nacimiento en ausencia de los dientes y sin la excitación que estos producen. Esto comienza con el movimiento de la articulación temporomandibular durante el acto fisiológico de amamantamiento. Este movimiento de deslizamiento se realiza por los dos lados produciendo un desarrollo mandibular en su totalidad.

Aparato temporomandibular
Todo comienza con el amamantamiento

La alimentación “civilizada” no estimula la función pues provoca el hábito de realizar movimientos de apertura y cierre, según Claude Bernard “si no hay función, no hay desarrollo del órgano”.

El aparato masticatorio necesita tal cantidad de estimulo que incluso es el único órgano que cambia de material para seguir desarrollándose. Por ‘material’ nos referimos a los dientes.

Este estimulo lo proporciona la función masticatoria salvaje, por llamarla de alguna forma a alimentos que nos ayuden a realizar movimientos de lateralidad, alimentos de consistencia dura. La alimentación moderna satisface las necesidades nutritivas del niño o adulto, pero no produce excitación neural paratipica a su aparato masticatorio, necesaria para obtener el desarrollo provisto genéticamente.

Así cuando empiece la erupción de la segunda dentición o dentición permanente, no encuentra espacio previsto y que sólo la estimulación normal hubiera proporcionado, en consecuencia, aparecerán las maloclusiones dentarias.

Para prevenir, es necesario que introduzcas hábitos de alimentación en tu hijo con alimentos saludables y que estimulen su masticación; por ejemplo, puedes enviar en su lonchera una manzana como refrigerio. Además, te puede ser de ayuda nuestra guía “Cómo evitar las maloclusiones mediante la alimentación”, la cual puedes descargar totalmente gratis.

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