Erika es una limeña de 40 años, es una mujer trabajadora. En las mañanas, se levanta para atender a sus tres hijos y a su esposo; luego, se dirige a realizar las compras del día para el almuerzo de sus pequeños.
Apenas regresan sus hijos del colegio, tiene apenas tiempo para bañarse, arreglarse y salir corriendo a trabajar por la tarde. Al regresar a casa, Erika revisa con su esposo las tareas escolares y lo único que quiere es ir a su cama a descansar. Pero no puede.
¿Por qué? ¿Acaso hay que terminar los pendientes del trabajo o mañana los chicos se van de paseo escolar? No, no se trata de eso. El culpable es su marido Raúl: Ronca demasiado y no la deja dormir. Erika no puede conciliar el sueño y cuando ya está a punto de lograrlo suena el despertador. Las consecuencias para Erika, en el terreno de la salud, obviamente, son negativas.
Si al igual que Erika, vives junto con un roncador regular entonces, te entendemos perfectamente.
Como si dormir lo suficiente (nos referimos a dormir bien) ya era todo un reto, tu pareja, el amor de tu vida, no contribuye a ello, aunque no sea su culpa directamente.

Debes saber que existen diferentes tipos de ronquidos, pero las consecuencias son las mismas: Se te forman ojeras, tienes una ausencia de sueño terrible y, sobre todo, el asunto te vuelve una persona irritable.
Es necesario que puedas identificar claramente el problema y aquí te mostramos algunos síntomas para que puedas detectarlo a tiempo:
1. Los tapones de oído no funcionan
“¡Es tanto el ruido por los ronquidos que esos tapones de espuma son la solución!” Así se lo han recomendado a Erika sus amigas. “Son fantásticos, ya no escuchas los ronquidos de tu marido”, le dijeron. Pero lo que no saben es que Erika ya acudió a todas las farmacias y nada. Ninguno ha cumplido el objetivo: Ayudar a disipar ese ruido molesto que proviene de su querido Raúl.
2. Tu marido duerme como un bebé
Una de las cosas que más afecta a Erika cuando duerme junto a su roncador, es que él duerme felizmente, inconsciente de lo que ocurre todas las noches. Es muy probable que tenga un sueño pesado también. En tanto, la pobre de Erika está a punto de conocer cada telaraña de las esquinas del techo de su dormitorio. Ella con un ataque de insomnio terrible, mientras su marido duerme como un lindo bebé.
3. Erika “exagera”
Raúl se queja si Erika va a dormir a otra habitación, la tilda de exagerada, por decir lo menos. No concibe el hecho de que la falta de sueño obliga a Erika a buscar soluciones radicales. La pregunta cae de madura, ¿es posible que Erika actúe como una persona normal al día siguiente? La respuesta es no. Prácticamente Erika actúa de manera autómata, como si fuera una robot. Eso no es normal. El cansancio va haciendo mella en su cuerpo y está irritable con todo.
4. Se van las ganas de acostarse
Hace algunos años Erika disfrutaba el solo hecho de ir a la cama. Erika nunca imagino que el único que iba a dormir como rey iba a ser Raúl. Ahora sabe que si no llega prácticamente dormida a la almohada, entonces debe decir adiós a una buena noche de sueño. Porque ella sólo espera la noche para descansar.
5. Los roncadores no tienen sólo un ronquido
“Es todo un concierto”; piensa Erika al escuchar cómo la respiración pesada de su amado Raúl se convierte en ráfagas de ronquidos intermitentes e interminables. Erika no sabe si gritar, salir huyendo o simplemente llorar. Al inicio, el aumento de los ronquidos era manejable. Hoy Erika no lo puede soportar. Incluso, en algunos pasajes de las largas noches, Erika tiene que tomarle el pulso a Raúl para comprobar si está bien porque emite ronquidos como si se estuviera desfalleciendo.
6. Empujones para despertarlo y detener los ronquidos
“Unas pataditas o pequeños golpecitos a su hombro nada más. Pobrecito, habrá tenido un día difícil en el trabajo”, decía Erika al inicio de los interminables ronquidos. Pero nada, no solamente no dejaba de roncar sino que al día siguiente Raúl se levanta molesto por el alboroto de la última noche. “¿Alboroto?, pero si todo el ruido lo generas tú, con tus ronquidos Raúl”, corrige Erika. La situación se vuelve más tensa.

7. Crisis en la relación
Erika ya llegó al límite, muchas veces quiere tomar una decisión drástica, pero respira un poco y piensa en la linda familia que tienen. Conversa con su esposo. Ambos saben que para salir adelante y evitar más conflictos deben buscar ayuda. Las discusiones diarias, el cansancio, jamás fortalecen una relación.
Estas son las siete desdichas que Erika y muchas mujeres en el Perú padecen por vivir con un roncador. Y lo que terminan compartiendo al final son las consecuencias negativas que los ronquidos ocasionan en la salud y la familia en general. Prevención y tratamiento ante todo. Nosotros te entendemos y estamos para apoyarte.