¿Has notado que tu niño tiene complicaciones para masticar o que su mordida no es tan eficiente como debería ser? ¿Te has dado cuenta también que respira frecuentemente con la boca abierta?
Ello se debe a que su lengua se interpone entre los dientes al momento de masticar, su lengua no adquiere una buena posición debido a que da espacio al paso del aire para que el niño respire, finalmente, por la boca (respiración oral); lo que degenera en dientes chuecos o algo, mayor aún, conocido como maloclusión.
Cuando notas que la mandíbula con la boca abierta de tu niño tiene una posición de reposo, ésta restringe el paso del aire por la nariz, es decir, por la vía aérea faríngea.


Esta mala respiración (respiración oral) provoca cambios en el hueso que se traducen en arcos dentarios más pequeños y esto imposibilita que encajen todos sus dientes en el hueso disponible de los maxilares. A su vez, esto producirá la falta de espacio para los caninos. Sino tratamos esto a tiempo, recuperando el crecimiento de los huesos maxilares, la única alternativa de tratamiento posterior será la extracción de 4 premolares y 4 muelas de juicio.
Lo que acabamos de contarte tiene un asidero científico, pues en las décadas de los 70 y 80, el Dr. Havold, de la Universidad de San Francisco, California, condujo una serie de experimentos en donde se tapa la nariz de unos macacos y estos cambian inmediatamente la forma de la lengua, las cuales sólo volvieron a la normalidad cuando se restableció la vía aérea. También se verificó que los cambios en los huesos maxilares se dieron principalmente en los macacos con la lengua en posición más baja; ésta es una característica común a los pacientes con prognatismo o mordida cruzada anterior.

Sí, de manera similar como ocurría con el experimento del Dr. Havold, la respiración oral en nuestros niños y la mala posición de la lengua, traerá como consecuencia más alteraciones en los maxilares (de forma triangular u ojival, mordidas cruzadas posteriores, etc.) haciendo que el crecimiento de nuestros niños sea más vertical (niños de caras largas) en lugar de un crecimiento horizontal (el cual es más estable y firme).
Cuando un niño se chupa el dedo, va a producir cambios en sus maxilares y en la posición de sus dientes. Sin embargo, debes saber, que aun cuando el niño deje de chuparse el dedo, la postura de la lengua entre los dientes mantendrá la mordida abierta anterior. Con frecuencia se les notará un ceceo o una “S contundente” al hablar.

¿Y qué debemos hacer?
Para corregir la maloclusión, necesitamos corregir la postura oral lo más temprano posible, ya que, si no es así, los cambios óseos pueden ser irreversibles, haciendo que el tratamiento sea más complejo y complicado.
El niño irá aprendiendo durante el tratamiento ortopédico que sus labios deben estar cerrados con una lengua apoyada detrás de los incisivos superiores (los aparatos ortopédicos juegan un rol importante en el desarrollo de esta nueva postura), eventualmente, los dientes se establecerán de manera uniforme y la mandíbula se desarrollará de manera armoniosa.
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